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La siniestra estatua del Ángel Caído y el número de la bestia: Esta es su escalofriante historia

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Una de las esculturas urbanas más hermosas, siniestras e inquietantes de Madrid es la estatua del Ángel Caído, que adorna los paseos del Parque del Retiro de esa ciudad, y que tiene la particularidad de que no sólo es una de las escasas representaciones escultóricas del demonio que existen en todo el mundo, sino que también está ubicada exactamente a 666 metros –el fatídico número de la bestia- sobre el nivel del mar.

La escultura del Ángel Caído, una representación hecha en bronce de trazos clásicos y de una gran intensidad dramática, es una obra del escultor madrileño Ricardo Bellver (1845-1924), quien se inspiró en unos versos del poema épico “El paraíso perdido”, del inglés John Milton, entresacados de la tercera y cuarta estrofas del Canto I: “Por su orgullo cae arrojado del cielo con toda su hueste de ángeles rebeldes para no volver a él jamás. Agita en derredor sus miradas, y blasfemo las fija en el empíreo, reflejándose en ellas el dolor más hondo, la consternación más grande, la soberbia más funesta y el odio más obstinado”.

Bellver hizo el molde de yeso de su estatua durante su pensionado en la Academia Española de Bellas Artes de Roma. La fama de la obra llegó a oídos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el rey Alfonso XII decidió costear los gastos de su reproducción en bronce en 1877. Luego que la escultura fuera adquirida por el Estado español por 4.500 pesetas, pasó a formar parte de la colección del Museo Nacional. Posteriormente fue cedida al ayuntamiento de Madrid y fue trasladada a su ubicación actual en el Parque del Retiro en 1885, meses después de la muerte del monarca.

La escultura del Ángel Caído -que mide 2.65 metros de largo y se eleva sobre un pedestal octogonal ubicado en medio de un estanque circular- representa la figura desnuda de un ángel con las alas desplomadas y contorsionado en el momento de desplomarse. La figura angélica caída en desgracia, a punto de convertirse en lucifer, se apoya sobre unas rocas que sirven de base mientras una gran serpiente se enrosca alrededor de su cuerpo. Su expresión no deja de ser inusual en una escultura, pues aparece retorcido hacia atrás, con gesto de dolor y consternación, aunque también sus facciones podrían denotar el odio y la humillación, tal como lo relatara el poeta John inglés Milton en sus inmortales versos. Para rematar el aspecto infernal del monumento, en la base del pedestal se encuentran ocho cabezas de monstruos y otras figuras simbólicas de las que mana el agua.

Una puerta al Más Allá

Si bien la mayoría de los peatones, ciclistas y deportistas que suelen pasar todos los días por el Parque del Retiro ignoran las características demoníacas del monumento, los supersticiosos aseguran que la escultura esconde una historia paralela relacionada con el mito infernal. No solo porque representa a lucifer en su expulsión del Cielo, sino porque sería considerada por éstos como una suerte de puerta de entrada al mundo de ultratumba, lo que se apoyaría con el inquietante dato de la ubicación de la figura: a 666 metros exactos sobre el nivel del mar.

La correspondencia de la estatua del ángel caído con el número del diablo no deja de ser llamativa y ha instalado el macabro paralelismo de que este punto del Retiro es uno de las pocos portales al Más Allá en el mundo (el Parque del retiro, por lo demás, fue construido sobre un antiguo cementerio). En todo caso, hace más de 15 años que el centenario jardín madrileño decidió cerrar sus puertas de noche, lo que en teoría habría aplacado las concentraciones satánicas en torno a la estatua. De todos modos, para muchos el monumento del ángel caído es una suerte de “homenaje” a lucifer, al mal o a lo herético, lo que ha despertado la imaginación de muchos aficionados al esoterismo.

Suele afirmarse que la estatua del Ángel Caído, la escultura de bronce de Ricardo Bellver que muestra a lucifer precipitado desde el cielo y aprisionado por serpientes que amarran sus brazos y piernas, es el único monumento público que existe en el mundo alusivo al diablo, pero en estricto rigor esto no es del todo exacto. En la ciudad italiana de Turín existe otra escultura de lucifer en la cima del monumento al Traforo del Frejus, mientras que en Ecuador se encuentra otra obra llamada “El Poder brutal”, que representa la cara del maligno.

 

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