La macabra historia de la Piedra Feliz de Valparaíso

El viento y el mar golpean con fuerza las rocas del borde costero de Valparaíso. Allí, a un costado del balneario de Las Torpederas, en las faldas del cerro Playa Ancha, se encuentra La Piedra Feliz o más bien, los restos de un peñón con una larga historia de suicidios. Al anochecer, en ese lugar,  las olas y las corrientes de aire producen una especie de aullido que acompaña  el movimiento de enormes algas o sargazos movidos al vaivén de la marea.

El nombre La Piedra Feliz, disfraza con ironía la tragedia de los desherados del amor, los abandonados o quienes no encontraron otro camino que quitarse la vida ante sus desgracias. Aunque parte del promontorio fue dinamitado en la década de los 80, en sus alrededores se conservan una suerte de animitas, con algunos nombres de los desdichados.

Las leyendas porteñas recuerdan que un número indeterminado de mujeres, parejas y ancianos terminaron su existencia, arrojándose al mar en ese sector de Valparaíso.

Una sensación tétrica experimentan quienes visitan, lo que antaño fue un enorme peñón, incluso con una escala esculpida en la roca para llegar a su cima.

Tal vez sea lo afirmado por el investigador Oreste Plath, en su libro Geografía del Mito y la Leyenda Chilenos: “Ramazones de algas se extendían y distendían como tentáculos de pulpos gigantes y se contaba que los suicidas erguían la cabeza entre estas plantas como incitando a lanzarse a las almas torturadas”.

 

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